(PRÓLOGO)
Tras las cortinas del gran teatro, las almas se visten de cuerpos
y los cuerpos de ficciones.
El acto se desdobla entre las trenzas del dios Galimatías
que nos mira y no juzga.
Cada mascara tiene un peso, la decencia y el rechazo
de este, nuestro ciego dedo, que sí señala, que sí juzga.
Dedo caníbal frente al corazón, a la cabeza o al sexo,
a las capas, los saturnos y el polvillo…
Inútilmente cavamos entre cejas, vaivén constante,
actor de escenas olvidadas,
amanuense caduco del poema del caos.
Con una descabellada sed de venganza creamos,
la efigie perfumada persigue y pisotea las sombras,
su aroma destila odios,
sus pisadas de rastros fétidos
van marcando al guerrero con sangre hasta en sus lechos,
en la paz del sueño seducida y muerta,
en los antebrazos y en la mirada.
El pájaro brujo susurra una palabra a cada uno
con la impecable postura impuesta
con los fértiles surcos de sangre
con la fragancia que cuenta historias y los túneles que las trenzan,
con la palabra y sin ella.
Los dos, todos, frente a ese jardín roto
Caer o volar, escalar lentamente,
volar hacia abajo, reflejo entre reflejos,
Enredo absurdo que busca la paz y la noche
Siempre los filos del dedo atentos.
Dibujando líneas rojas, escupiendo bajo las máscaras,
cayendo y aferrándose a un caracol sin principio.
Orándole a un rosario de lágrimas hirvientes.
Siempre yo y el hombre alquimista
transformándolo todo, el dolor que transmuta en luz,
la luz en luna,
la luna que guarda puñales, y los puñales, letras que se imprimen.
El futuro pasado ya no guarda misticismo, ni mis lágrimas,
la sal acida de las penas no deshace a las sombras
el caos está pendiente de sí mismo,
el hombre del dolor
y el dolor de los humanos
las historias chocan con la hoguera levantada en la poesía
cada noche brilla como luciérnagas símiles
que brillan y se extinguen, que brillan y se extinguen
ya todo ha sido contado antes, ¿cómo contarlo de nuevo?
ya todo se ha sentido antes, ¿como hacerlo sentir otra ves, y fuerte?
la esquizofrenia ilumina al maldito y condena al santo
bienvenidos a la descabellada historia del poeta que no supo escribir su historia
que la inventa y la guarda tras mascaras, tras la saliva del que escupe pasiones
el dedo ke levanta tapujos y solo ríe o se pone a llorar…
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1 comentario:
Buen comienzo, me atrapó aunque no estoy seguro de haberlo comprendido del todo. Igual, seguiré leyendo.
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