
Somos el viñedo de Galimatías, a quien trato con irrespeto.
Embriagado todo el tiempo en las barracas del infierno,
pues largas son sus cuentas en las cantinas del norte.
Y nadie le hace vino a costa de la sangre de su vientre
Apenas hoy, segundo incierto en su entrecejo,
he podido verlo y molestarlo entre sus sueños.
Y describir mi vida con un tono irreverente
Que describe a la par los sufrimientos de la gente.
Mil historias se han contado antes de despertarme asentado
sobre estas sombras en las que muy cómodo he reposado,
leyendo e imaginando a tanto héroe y tanta muerte
Que han poblado al mundo de dolor, para mi suerte.
Cada historia es un sueño en la borrachera del caos
Que se desenvuelve en el espejo y en sus teatros
en donde las telarañas atrapan cualquier débil mente
escondiendo con pasiones lo que el humano siente
mi tributo irrespetuoso ha dicho dios infructuoso
se da por las líneas musicales y no en versos rotos
que lo enaltecerían como una figura reinante
cuando en verdad ni le importa lo que viene por delante.

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