31.7.08

EL SINMIEDO


Busca.. Todo el tiempo busca.
Es un viejo ya, en la nave de los locos.
Las bolsas de los ojos chocan con sus barbas.

Enroscado en su hombro, susurra y ve de soslayo.
La tierra que lo cubre nubla su horizonte,
lo esconde, protegido del fuego que arrasa bajo el manto de la reina.

Su piel es negrusca y fruncida, la voz raspada y grave,
es un gran árbol maldecido a ser inquieto,
quemado él y echando raíces en corazones fríos.

Cansado de que la noche venga, ¡o de que el día, le da igual!
con la pasión que invade sus lechos rojos y helados,
dejándolo siempre fuera, en el anillo de fuego que nos rodea.

Eterno peregrino de almas tristes,
feliz entre los vientos y el eco, entre la nada que libera,
enamorado de la tierra que se traga su sangre.

Recuerda, suspirando, aquel perfume que antes viniera entre la música,
las palabras y el sonido, toda esa magia..
o ese hechizo denso que una luz y una sonrisa escondieron,

ocultando fuego, el dolor de las llamas y su piel tostada,
abrazado y bautizado, el fuego no logró acabar con él.
La reina lo mira con respeto, y a veces se enamora de él entre hueso y hueso…

29.7.08

EL VUELO DEL PÁJARO BRUJO


Suenan las hojas secas las pisadas
La noche se apodera del alma de Galimatías ke todo lo sueña
En el cementerio las lechuzas ya no sorprenden a muchos

De las tumbas resuenan dulces cantos por su caminar
la alegría de la muerte con colores la noche con luna roja
En el aire las pullas del frío se muestran devotas

Los gusanos paran de engullir segundos podridos
y bailan a la oscura cadencia de makiyamuertos
la que labra la sonrisa de los cráneos y refina la ligereza del polvo
la que cierne y encubre

camina sobre agujas se cubre la piel con la piel de otros
tiene escritos en sus antebrazos
los versos secretos para abrir las puertas blancas y las puertas negras
ella canta con la dulzura del pájaro rojo y negro el pájaro brujo
ke vuela y habla ke cuenta secretos indebidos a kien debe

hay un nuevo muerto se ha vuelto alguien a enamorar
ella camina con un atado grande y a grandes pasos
lleva adentro ópalos y mandrágora lleva paico ortiga y oro

Hay tantos polvos en colores tantas peinetas y brochillas
En tres cajas de madera guarda sus secretos
Piel sobre piel polvo sobre polvo

Va otro embarcado con monedas en los ojos y los bolsillos
Bien vestido y a la moda alemana
expresando un rostro con fuerza frente a la más oscura de las noches
Enaltecido y honrado hasta otro final con la makiya

Baja ella y hacia el río bajan también los que la siguen
Habla en vos baja gesticula hedonista princesa del odio
Escucha atenta el repentino canto del brujo que vuela lejos pero por ella
como al volar hace años ya para cantar sus soledades
Ella escucha el nuevo anuncio y sueña con el soñador inútilmente buscando algo

Lo mira ahí echado borracho y boca abajo con los vinos y el tabaco
Dios del caos enfermo y deprimido
Creando valles oscuros y maldiciendo a poetas peruanos
Despreocupado del anuncio del pájaro revive por el aroma que le acecha
¡Tanta historia habrá que contar para llegar a este pasado presente!

ODIO

Refugiado en esta esquina del odio, dentro de las sombras fétidas
de la ciudad embrujada en mi cabeza.

Abrigado con el orín de los gatos
que le han marcado a mi existencia.

La sangre se asienta y se pudre, sus manchas se mezclan con mi sangre,
y con el rechazo diario que me provoca verlas.

El sudor es un espejo que miente,
los cuerpos son templos violados por sus propios dioses.

Un mal trago el de tu orgasmo en la distancia del tiempo
borracheras con resaca-cicatriz,

surcos de sangre y un pasado que no evita la muerte.
El péndulo se ha caído en tus dominios

Con la inevitable fuerza del odio, el rencor y la venganza,
con la oscura invocación a los demonios que incendian recuerdos vanos,

el respeto te arrancó tu camisa púrpura, has kedado
apenas vestida con la saliva de los hombres.

Las piernas te huelen a leche, a vida.
Mi mente inflamable te lame con las lenguas del fuego, te consume

Ceniza que sólo mancha y se deshace en los dedos, despojo inútil, esfuerzo infantil
Jugando a perder, el hombre esconde sus hechizos

La virtud del caballero es el olvido y la embriaguez.
Siguiendo siempre el ejemplo de sus padres que se han emborrachado desde el génesis

Con desprecio
A la reina del jardín

Con indiferencia, a ti, géminis entre espejos.

Con sabiduría, a nadie

LA REINA DEL JARDÍN



I

Ella tiene dos cuerpos malditos.
Se esconde bajo su géminis perverso.
Es rubia y negra, camina por la calle, zarrapastrosa en viernes,
y hiede a los perfumes perversos de las flores dominicales

Cada hombre ke la toca siente asco o se enamora.
No tiene ni cree en la esquizofrenia.
La música es una ola, perpetua, móvil,
el vaivén que viene y luego la abandona

Tiene el poder de la lengua y la palabra.
Su saliva huele a opio y loto.
Cuando reza, levanta y baja la mirada, ríe y hace silencio,
carga a dios y al diablo

ambos muertos a filosofíazos,
con herejía y ciencia,
con tiempo,
con verdades y mentiras.

Se deleita al gastar sus días imaginando el dolor ajeno,
y trabaja, escurridiza, en los huesos del hombre,
bebiendo su médula, despojándolo hasta de la dignidad,
alimentando su cuerpo y su vida con la sangre del otro y su esencia.

Cuando fuma sus cigarros, que llevan caléndula, tréboles y gotas de láudano,
la mirada perversa, tremolando, y escondida en la noche, entre la lágrima y el sueño,
libera un hechizo de paz, relieve de su maldad dibujada bajo una mano estremecida,
que destruye con sombra cada pisada débil, inquieta o distraída del que busca un alivio.

Disfruta en su jardín de las tardes sin sol, los domingos se baña, deshojando cada pétalo
de las ofrendas ciegas del amor, en agua de aroma dulce, resaltado con la sal del llanto.
Sale en viernes, ropón de madre encima, mira a los mendigos que estiran la mano buscando sólo caricias, buscando otra mano, y se acerca y la engulle en un salto frenético

II

Se acerca algo y da la vuelta, mira la luz y se estremece,
baja los ojos y le grita al diablo que siempre le escucha
y le consiente, encorazándola y cediendole el poder de la lengua


Va de negro, pues la luz con luz no va al caos.
Ese aliento que entumece el alma corrompió la luz del que se acercaba…
Ha guardado en un frasquito un poco de esa sangre dulce para su baño.

III

Hoy viene de luz, rubia y con sonrisas, el silencio juega el papel de dios.
Cada sentón suyo significa una mancha roja sobre los lechos del triste.
Hoy se acerca a mí, conozco su hábito y salto. Sé que voy a perder, juego a perder.

Me persigue, me ofrece amor, baila azules melodías salidas de su adentro,
con el acompasado ritmo del llanto y su alegría…
El loto que me ofrece va bien con este cigarro suyo, compartido en la euforia de la cama.

IV

Con odio, rencor y venganza escribo.
El esfero se me clava en la mano zurda.
He vuelto a donde ella y me embriaga ese vaho a leche y vida.
Con tanta fuerza le abrí las piernas y la golpeé por lo que vi.
Y respondía ella con la risa y el silencio, sentada entre dos espejos.
El vaso con puntas se incendia en mi mano que tiembla.
Lo arrojo con fuerza y borro con mi sangre la sangre de ella, asentada hasta en mi ropa.

DIOS GALIMATÍAS


Somos el viñedo de Galimatías, a quien trato con irrespeto.
Embriagado todo el tiempo en las barracas del infierno,
pues largas son sus cuentas en las cantinas del norte.
Y nadie le hace vino a costa de la sangre de su vientre

Apenas hoy, segundo incierto en su entrecejo,
he podido verlo y molestarlo entre sus sueños.
Y describir mi vida con un tono irreverente
Que describe a la par los sufrimientos de la gente.

Mil historias se han contado antes de despertarme asentado
sobre estas sombras en las que muy cómodo he reposado,
leyendo e imaginando a tanto héroe y tanta muerte
Que han poblado al mundo de dolor, para mi suerte.

Cada historia es un sueño en la borrachera del caos
Que se desenvuelve en el espejo y en sus teatros
en donde las telarañas atrapan cualquier débil mente
escondiendo con pasiones lo que el humano siente

mi tributo irrespetuoso ha dicho dios infructuoso
se da por las líneas musicales y no en versos rotos
que lo enaltecerían como una figura reinante
cuando en verdad ni le importa lo que viene por delante.

TE SEÑALAN

(PRÓLOGO)

Tras las cortinas del gran teatro, las almas se visten de cuerpos
y los cuerpos de ficciones.
El acto se desdobla entre las trenzas del dios Galimatías
que nos mira y no juzga.

Cada mascara tiene un peso, la decencia y el rechazo
de este, nuestro ciego dedo, que sí señala, que sí juzga.
Dedo caníbal frente al corazón, a la cabeza o al sexo,
a las capas, los saturnos y el polvillo…

Inútilmente cavamos entre cejas, vaivén constante,
actor de escenas olvidadas,
amanuense caduco del poema del caos.

Con una descabellada sed de venganza creamos,
la efigie perfumada persigue y pisotea las sombras,
su aroma destila odios,
sus pisadas de rastros fétidos

van marcando al guerrero con sangre hasta en sus lechos,
en la paz del sueño seducida y muerta,
en los antebrazos y en la mirada.
El pájaro brujo susurra una palabra a cada uno

con la impecable postura impuesta
con los fértiles surcos de sangre
con la fragancia que cuenta historias y los túneles que las trenzan,
con la palabra y sin ella.

Los dos, todos, frente a ese jardín roto
Caer o volar, escalar lentamente,
volar hacia abajo, reflejo entre reflejos,
Enredo absurdo que busca la paz y la noche

Siempre los filos del dedo atentos.
Dibujando líneas rojas, escupiendo bajo las máscaras,
cayendo y aferrándose a un caracol sin principio.
Orándole a un rosario de lágrimas hirvientes.

Siempre yo y el hombre alquimista
transformándolo todo, el dolor que transmuta en luz,
la luz en luna,

la luna que guarda puñales, y los puñales, letras que se imprimen.
El futuro pasado ya no guarda misticismo, ni mis lágrimas,
la sal acida de las penas no deshace a las sombras

el caos está pendiente de sí mismo,
el hombre del dolor
y el dolor de los humanos

las historias chocan con la hoguera levantada en la poesía
cada noche brilla como luciérnagas símiles
que brillan y se extinguen, que brillan y se extinguen

ya todo ha sido contado antes, ¿cómo contarlo de nuevo?
ya todo se ha sentido antes, ¿como hacerlo sentir otra ves, y fuerte?
la esquizofrenia ilumina al maldito y condena al santo

bienvenidos a la descabellada historia del poeta que no supo escribir su historia
que la inventa y la guarda tras mascaras, tras la saliva del que escupe pasiones
el dedo ke levanta tapujos y solo ríe o se pone a llorar…