Refugiado en esta esquina del odio, dentro de las sombras fétidas
de la ciudad embrujada en mi cabeza.
Abrigado con el orín de los gatos
que le han marcado a mi existencia.
La sangre se asienta y se pudre, sus manchas se mezclan con mi sangre,
y con el rechazo diario que me provoca verlas.
El sudor es un espejo que miente,
los cuerpos son templos violados por sus propios dioses.
Un mal trago el de tu orgasmo en la distancia del tiempo
borracheras con resaca-cicatriz,
surcos de sangre y un pasado que no evita la muerte.
El péndulo se ha caído en tus dominios
Con la inevitable fuerza del odio, el rencor y la venganza,
con la oscura invocación a los demonios que incendian recuerdos vanos,
el respeto te arrancó tu camisa púrpura, has kedado
apenas vestida con la saliva de los hombres.
Las piernas te huelen a leche, a vida.
Mi mente inflamable te lame con las lenguas del fuego, te consume
Ceniza que sólo mancha y se deshace en los dedos, despojo inútil, esfuerzo infantil
Jugando a perder, el hombre esconde sus hechizos
La virtud del caballero es el olvido y la embriaguez.
Siguiendo siempre el ejemplo de sus padres que se han emborrachado desde el génesis
Con desprecio
A la reina del jardín
Con indiferencia, a ti, géminis entre espejos.
Con sabiduría, a nadie
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2 comentarios:
Así, así, así así...
Siempre admiré cómo el odio te mueve tan bellamente a la destrcción poética.....
grandes letras, gran hombre, gran niño...
y como dice la canción
Maldita la hora en la que e odio nos bendijo...o ago así
no se kien eres y porke sabes de mi o del junta..pero la cancion dice QUE BUENA LA HORA en la ke el odio nos bendijo...en fin..gracias por visitar el pasado
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